998796750
contacto@enlacesmedicos.com

Entrevista a la Dra. María Cristina Arismendy

Dra. María Cristina Arismendy

Dra. María Cristina Arimendy: “Los grupos religiosos ven a los derechos sexuales como objetos que pueden manejar sus líderes”

La past representante en el Perú del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la Dra. María Cristina Arismendy, socióloga de profesión, conversó en extenso con Enlace Médico, demostrándonos que no es solo una profesional con ideas y convicciones muy claras sobre la salud y los derechos sexuales, sino también una mujer admirable y muy humilde, quien pese a haber participado en muchas diligencias y proyectos que han contribuido medularmente al desarrollo de salud y los derechos sexuales en el Perú, ella los sigue considerando solo un pequeño grano de arena en una tarea aún más grande.

Arismendy, quien es bogotana de nacimiento y ha tenido la oportunidad de conocer gran parte del globo, pero que ha quedado completamente enamorada del Perú, es una defensora de la igualdad y gran crítica de los grupos represivos de la sociedad, como el Opus Dei y otros que imponen una imagen machista de la mujer como una criatura meramente reproductiva. Con gran claridad, María Arismendy expuso ante este portal sus ideas sobre una sociedad peruana en la que los jóvenes tienen la batuta para transformar la realidad positivamente convirtiéndose así en dueños de su propio destino.

— ¿Cuánto tiempo trabajó para las Naciones Unidas y en qué países laboró antes de llegar al Perú?

Inicié hace más de 30 años, trabajando en países de Europa Oriental, además del Fondo de Poblaciones de Nueva York. Luego, me dediqué a colaborar con programas, específicamente de Europa Oriental —la URSS en esa época— y después pasé a la división de Asia y el Pacífico, donde trabajé en países como India, Vietnam, Filipinas, Tailandia y Corea del Sur, donde manejaba proyectos regularmente. La lista de países en los que laboré es larga y, sin duda, ha sido una experiencia gratificante trabajar en países asiáticos, donde la idiosincrasia de su pueblo, su cultura y la historia detrás de estos países milenarios son tan fascinantes como los de Sudamérica.

— ¿Cuántos años trabajó en Perú?

En Perú estuve trabajando durante 3 años y medio. En un inicio, se suponía que estaría 4 años y luego sería trasladada para un último periodo, probablemente a un país asiático; sin embargo, decidí pedir mi retiro temprano y quedarme aquí porque me enamore del Perú y por otras circunstancias que me convencieron a quedarme. Una de esas fue el trabajo que presto como voluntaria en un grupo de médicos, además del hecho de encontrarme a un paso de mi natal Colombia, a donde puedo ir y venir sin dificultad.

— ¿Cuál fue el alcance de su gestión? 

ablando netamente de mi gestión, debo confesar que fue más complicada en comparación con la gestión que hacía en Asia, donde los gobiernos son muy comprometidos y las personas están, no solamente dispuestas a recibir ayuda, sino también a brindarla a otros. Asimismo, la comunidad y los expertos hacen el trabajo con gran pasión y verdadero amor hacia el país. Siendo justos, aquí también hay muchas personas que podían contribuir a su país, pero desafortunadamente, por el tema que tratábamos, salud sexual y reproductiva, les costaba trabajo aceptarlo y colaborar. Muchos lo tomaban a la ligera y otros, simplemente se oponían. Pese a ello, logramos realizar diversos proyectos que, si bien no fueron los más grandes, me dejaron recuerdos muy satisfactorios por lo conseguido. Lamentablemente, en algunos casos, estos se deshicieron, lo cual generó en mí sentimientos mixtos.

— ¿Qué es lo que más recuerda de su gestión? ¿Cuál fue la experiencia más gratificante de los proyectos que apoyó en el UNFPA?

Existieron proyectos pequeños, pero de gran valor para mí. Recuerdo que estábamos apoyando a una población indígena en la cuenca del río Marañón porque sentían un gran temor respecto al VIH/Sida. Ellos manejaban conceptos erróneos, les faltaba mucha información, por lo cual decidimos capacitar a líderes de la población. Los trajimos a Lima para enseñarles en qué consistía el VIH/Sida y cómo se transmitía, para que pudieran compartir la información con los pobladores y así pudieran calmarse, pues hasta ese Dra. María Cristina Arismendymomento, ellos creían que no se podía tocar, ni hacer nada, a los niños los tenían reprimidos y existía un ambiente que no era racional. A la larga, observamos que el proyecto ayudó mucho a calmar, educar y prevenir a la población.

Otro proyecto que me trae gratos recuerdos es un pequeño demostrativo que iniciamos en Cusco sobre bialfabetización (castellano y quechua), donde expusimos sobre salud sexual y reproductiva, educación sexual y empoderamiento de la mujer. Este proyecto se hizo con la Oficina de Alfabetización del Ministerio de Educación y fue entonces cuando supe que aquel era el primer proyecto en el Perú que tenía un nivel de deserción cero. Hasta ese momento, todos los proyectos sobre alfabetización siempre habían iniciado en 100 y habían terminado en 20. Pienso que aquello se logró gracias al tema que se trataba, pues a las mujeres les interesaba y, por ende, aprendieron mucho.

Es así que se me ocurrió que debíamos realizar algo con sus parejas, para lo cual hicimos uso una televisión y una lectora de videos de un poblador y el material facilitado por las asociaciones Manuela Ramos y Flora Tristán para poder compartir con ellos y los adolescentes información sobre este tema para intentar que aquel concepto de “entre más te pego, más te quiero” no fuera consigna y que, por el contrario, pudieran darle un sentimiento de autoestima y cooperación a su pareja. No tengo la certeza de hasta qué punto lo logramos, pero durante el tiempo que duraron estas clases, a las esposas ya no se les preguntaba por qué se iban hasta tan tarde o porqué hacían tal o cual cosa, sino ellos mismos querían aprender todo lo que ellas habían aprendido en la clase.
partir de eso, el Ministerio de Salud nos pidió apoyo para la realización de guías de trabajo para otras provincias. Desafortunadamente, recibimos un golpe muy duro y bajo ante la clausura de nuestros proyectos durante la gestión de Alan García, cuando llegaron los educadores cubanos que decían tener un programa de alfabetización milagroso que duraba una semana; o sea, prometían enseñar a leer y a escribir en solo siete días.

— ¿Cómo observa usted el futuro del país respecto a las políticas de salud sexual y reproductiva de cara al bicentenario?

En ese tema se ha avanzado lentamente. La influencia de algunos grupos después del gobierno de transición y con ministros integrantes del Opus Dei y del Sodálite, trajeron consigo cambios y frenos en el avance de lo poco que se había logrado. Aún en estos días, la iglesia continúa teniendo poder en las políticas públicas, esto se evidencia en el lento proceso de independización por parte del Estado respecto a políticas públicas laicas; sin embargo, la esperanza está en la juventud, quienes deben retomar las riendas sueltas de la sociedad para que algo tan natural como la salud sexual y reproductiva sea enseñada, interiorizada y aprendida. Si los chicos tuvieran información, existirían menos adolescentes embarazadas a una edad muy temprana que dañan su proyecto de vida. Esto ocurre por no tener forma de cuidarse, por no saber respetar sus cuerpos y dejar que la iglesia u otros grupos religiosos les digan que hay que tener tantos hijos como Dios les dé. Espero que esto cambie y que se respete el rol de la mujer, valorando sus diferencias y dejando el machismo de lado. Esto depende no solo de los padres, sino también de la formación de las escuelas y todos aquellos que puedan jugar un rol de liderazgo.

— ¿Cree usted que en las sociedades latinoamericanas, y más en Perú, hablar de derechos sexuales como parte de los derechos humanos es considerado un estigma social?

Sí, aunque me da gusto ver que la juventud actual ha cambiado bastante, pero realmente se ve que la influencia de las religiones, no solo la católica, sino también de muchos grupos religiosos establecen los derechos sexuales como objetos que pueden ser manejados por los líderes de las diferentes religiones; ellos no lo ven como algo natural, ni como una necesidad de la persona para evitar errores como los embarazos adolescentes, cifra que en Perú es muy elevada y trae como consecuencia que las chicas vivan en condiciones paupérrimas.

— ¿Qué políticas públicas se podrían implementar para mejorar la educación de los derechos sexuales en comunidades rurales alto andinas o selváticas para que los pobladores sepan e interioricen desde niños estos derechos fundamentales?

El Ministerio de Educación y, ciertamente, todos los ministerios, deben trabajar este tema con rigor. Considero que se debe empezar educando a los chicos desde temprana edad y a los padres, sobre todo en las regiones donde no se tiene mucho acceso a servicios públicos, empoderarlos con información tanto a hombres como mujeres. La población ya está lista para trabajar y entender que este es un tema que se debe compartir con la sociedad; sin embargo, esta iniciativa tiene que venir desde un nivel más alto, por lo cual es importante que no haya ministros que sean del Opus Dei u otros grupos religiosos.

— ¿Cree usted que hablar abiertamente de educación y derechos sexuales traería consigo una reducción en la tasa de feminicidios por violación ocurridos actualmente en el país?

Claro, ese es uno de los problemas más fuertes del Perú y de Latinoamérica, pero aquí está especialmente arraigado. Este acceso a la información ayudaría a la población a actuar y compartir con sus hijos para que sean mejores seres humanos y que no se formen hombres machistas que sientan el derecho a terminar con la vida de su pareja por celos u otros motivos y que, por el contrario, sepan apreciarlas como seres humanos y puedan apreciarse mutuamente.

— Según su apreciación, ¿debería de existir, por parte del gobierno, mayor apoyo a las asociaciones en el Perú que se dedican a informar a las poblaciones vulnerables sobre la situación de sus derechos sexuales?

Por supuesto, sé que hay muchas ONG que hacen un buen trabajo y son, precisamente, esos grupos a quienes se debería ayudar, así como cooperar con las organizaciones internacionales y con todo el que quiera hacer algo por el Perú. Nosotros, como extranjeros, no podemos venir a imponer, pero sí podemos desarrollar un programa y proyectos con el gobierno. ¿Qué necesita el Perú? Ustedes nos dicen y nosotros trataremos de apoyarlos, pero nuestros recursos son limitados. En Perú, la cooperación internacional poco a poco se está retirando porque, supuestamente, hemos alcanzado un nivel en el cual ya no se necesita tanto apoyo como el pasado y, por lo tanto, dicho apoyo iría a un continente como África que sí lo necesita. Debido a esto, en Perú se debería colaborar mucho las ONG que buscan terminar con esa creencia de la superioridad del hombre sobre la mujer. Indudablemente, las mujeres están empezando a alzar su voz alrededor del mundo y esto debe de tener un efecto que repercuta en nuestros países latinoamericanos.

Comentarios

Categorías